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Las Memorias de Hyrule

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subrosandro

El guardián rojo

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#11 - 15-08-2013 12:04

Cualquiera que viese aquella estancia pensaria que habia entrado en la sala del trono de algun dios. Las enormes paredes recubiertas de frescos de distintos lugares y epocas representaban batallas que solo recordaban los libros de historia. En el suelo, una larga alfombra conectaba la puerta de la colosal sala, franqueda por dos guardias orcos de indudable habilidad en combate, al enorme trono que presidia el lugar. Reposaba en el una gigantesca figura de al menos cuatro metros. No se podian adivinar sus facciones, pues la totalidad de su cuerpo estaba recubierto por una armadura negra como el ebano. No se veian abolladuras ni cortes, lo que indicaba la excelente calidad de la misma teniendo en cuenta la cantidad de batallas en las que habia tomado parte.

Lo primero en lo que uno se fijaba al encontrase por primera vez con el Emperador era en su yelmo, que tapaba su cara por completo, a excepcion de dos huecos que mostraban un par de ojos rojo sangre. En la parte superior, sobresalian dos cuernos que conferian un aspecto diabolico a la figura. Tambien llamaba la atencion un artilugio extraño que sobresalia de su espalda. Los pocos que habian visto en combate al Emperador sabian que no era otra cosa que su arma favorita, un lanzador de proyectiles que desintegraban a todo aquel que tuviese la desgracia de ser su objetivo. Cariñosamente, el Emperador los llamaba Misiles Muerte. Aun estando tranquilamente en el trono, su aspecto resultaba aterrador.

La puerta se abrio, rompiendo el silencio de la estancia. La atraveso un pequeño esqueleto vestido con un frac y con la cabeza cubierta por una elegante chistera, que rapidamente se hizo a un lado. Portaba un baston de cristal coronado por una pequeña calavera decorativa. Tras hacer un sonido parecido al de un carraspeo, la extraña figura golpeo tres veces el suelo con la punta del baston para luego anunciar, con una simpatica voz aguda que no pegaba con su naturaleza de ultratumba.

-Su alteza Ganondorf, Rey de los ladrones.

Una figura mucho mas grande atraveso la puerta. Media sobre dos metros y tenia la tez oscura, que contrastaba con su cabello rojizo. Vestia una armadura negra con motivos dorados y una capa bicolor, negra por fuera y roja por dentro. En su cintura portaba una espada plateada.

Ganondorf avanzo lentamente hacia el Emperador. Al llegar al trono, hizo una rapida reverencia mientras pronunciaba de forma casi automatica el saludo protocolario “Emperador Genonheart, mi alma esta a su servicio”. El Emperador, que hasta este momento no parecia no haberse inmutado de la entrada de Ganondorf, movio la cabeza.

-No digas nada, la Republica nos ha declarado la guerra y en estos momentos estan invadiendo la capital.

-No tendras esa suerte, hermano, Gerudo esta a salvo- dijo Ganondorf esbozando una sonrisa- Pero tengo interesantes noticias para ti. La reunion con el embajador republicano sobre la venta de argelita se ha pospuesto para el lunes. Ah, y recuerda que tienes que inugurar el nuevo coliseo del barrio sur.

Todo lo que obtuvo por respuesta de Genonheart fue un bufido de exasperación. Ganondorf solto una carcajada.

-Venga, si sabes que te encanta inaugurar cosas. Siempre acabas con todos los canapés, los de catering aun no debieron entender que un cuerpo de cuatro metros no se llena a base de tostadas con paté.

-Si me diesen un medín por cada reunion, entrevista o acto la que he asistido desde mi ultimo combate podria comprarme diez Republicas. Ellos son mas listos, tienen cientos de senadores que se reparten los marrones publicos, y asi se libran de todo el trabajo.

-Pues ya sabes, hermano- respondio Ganondorf con una sonrisa-, coje un par de orcos, nombralos senadores y asi podras dedicar quince horas al dia a quejarte de tu miserable vida en vez de las diez de rigor. Lo que hay que oir, y yo trabajando todo el dia como un esclavo...

-Si hermanito, ya veo que te tienen “negro”.

-Oh, calla, calla, no sabes lo comodo que es no tener que ir al solarium. Estoy moreno todo el año.

Los dos soltaron una carcajada a la vez. El informe diario era el unico momento en el que el Emperador y su hermano pequeño podian verse, y el principal motivo por el que Genonheart no habia nombrado a una secretaria para ello. Aunque no lo pareciese, siempre habia algo que hacer.

-Bueno Ganondorf, si me disculpas tengo que seguir con la ardua tarea de contar los frescos de la sala. Puedes retirarte.

-Sabes que yo no miento, cuando digo que hay algo interesante es que lo hay- Ganondorf sonrio para sus adentros, habia dejado lo mejor para el final, siempre lo hacia- Ayer los mineros de Beaufar se rebelaron y atacaron la capital.

-Hermano, sabes que prefiero las malas noticias al principio. Beaufar es uno de nuestros principales productores de beauxelita del Través. Perderlo nos costara caro.

-No te preocupes, la rebelion fue sofocada. Thurk’hal hizo un buen trabajo a pesar de lo que se dice de el. Aunque según el, hubiesen sido derrotados sino llega a ser por, ¿adivinas quien?, un mago que estaba de paso. Y no era de la Republica.

Ganondorf percibio una expresion de sorpresa en su hermano que le hizo sonreir. A pesar de tener todo el rostro cubierto, conocia lo suficiente a Genonheart como para saber cuando habia logrado atraer su interes.

-Vaya, vaya, un renegado. Interesante- Genonheart dedujo rapidamente que al llamarlo “mago” a secas, y no nigromante o mago oscuro, indicaba que no pertenecia al Imperio. Asi que solo podia tratarse de un mago que habia desertado de la Republica, es decir, un renegado- Me gustaria hablar con el, igual tiene informacion interesante sobre los movimientos del Consejo de Sabios. Siempre es mejor ir por un paso por delante de ellos antes de que saqueen todos los artefactos del Través.

-Supondria que dirias eso, hermano. A estas horas debe de estar llegando al Nexo. Ya he mandado un transbordador a recogerle. Estara en la Torre para la cena.

-Siempre tan eficiente, hermanito, ya podias cagarla algun dia, que hace tiempo que no te suelto un sermon.

Ganondorf esbozo una sonrisa de orgullo, el nunca fallaba una mision, no le daria esa satisfaccion al Emperador. Sin esperar la orden de su hermano, hizo la reverencia de rigor y se marcho de la sala. Genonheart se quedo pensativo. Hacia tiempo que no se veia un renegado por el Imperio, generalmente eran eliminados por el Consejo al minimo indicio de traicion antes de que revelasen sus secretos al Imperio. El mago de Beaufar podria serle util. Sus ojos se movieron inconscientemente a una puerta lateral, que conducia a los aposentos de su hechicero personal. En su tiempo tambien habia sido un renegado. Habia llegado a Gerudo metamorfoseado en orco para escapar de la Republica, que lo buscaba por todo el universo. Su inventiva y su enorme poder magico le habian impresionado, por lo que no solo le habia proporcionado asilo en la capital, sino que tras pasar un examen previo lo habia nombrado su mago personal. Sus consejos y su inteligencia habian sido decisivos en muchos conflictos, por lo que Genonheart le tenia una gran estima. Es posible que este e nuevo renegado le resultase de la misma utilidad.

Entre estos y otros pensamientos, Genonheart se quedo dormido.

 

subrosandro

El guardián rojo

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#12 - 15-08-2013 12:06

El Nexo, la unica luna de Gerudo, era la puerta de entrada a la capital del Imperio. En el se concentraban casi treinta portales que conectaban a diversos planetas del Espacio Imperial. Para proporcionar mayor seguridad a la capital, la unica union existente entre el planeta y su satelite era mediante una serie de transbordadores que el Departamento de Transportes establecia gratuitamente para todos los viajeros. Debido al gran volumen diario de turistas, funcionarios, empresarios, diplomaticos y comerciantes que viajaban a Gerudo diariamente, siempre habia largas colas en la estacion. Sin embargo, la pequeña comitiva que escoltaba al mago de Beaufar se dirigio a un hangar a pocos kilometros de alli, donde un transbordador privado los esperaba. Tras un vuelo de una hora a Gerudo, el transbordador se poso en el espaciopuerto privado del Emperador, situado en el complejo de acceso restringido que rodeaba la Torre.

La Torre del Emperador era un titanico edificio de dos kilometros de altura que presidia la capital. En los pisos inferiores se concentraban las embajadas, mientras que en los superiores estaban los departamentos que gestionaban la economia, las infraestructuras, la educacion, la sanidad y el resto de servicios que supuestamente se ofrecian gratuitamente a todos los ciudadanos del Imperio. La realidad era otra. Las donaciones “voluntarias” que se pagaban a cambio de los servicios influian en la calidad de estos, por lo que generalmente los pobres (la inmensa mayoria de la poblacion) eran asignados a escuelas y hospitales ruinosos. Las condiciones de vida en el Imperio eran en general bastante duras, excepto para los ricos, que contaban con todos los lujos y comodidades imaginables. La cuspide de la torre, donde se ubicaba la sala del trono, estaba reservada unicamente para el Emperador y sus allegados.

Flanqueando la Torre, a ambos lados, se encontraban otras dos torres de menor altura. A su derecha estaba la Escuela de nigromancia de Gerudo, llamada popularmente la torre negra por el reluciente color oscuro que le otorgaba la obsidiana con la que se habia construido. Habia escuelas de nigromancia por todo el Imperio, pero sin duda la torre negra era la mejor y mas famosa de ellas. Solo las mejores promesas podian formarse alli, por lo que cualquier nigromante que se graduase en esta escuela tenia el privilegio exclusivo de poder entrar en la Mano Negra directamente como oficial. Debido a todo ello, el director (tambien llamado archimante) de esta escuela era considerado el nigromante mas poderoso del Imperio.

A la izquierda de la Torre se erigia la menor de las tres, el Nido del Halcón. Era el centro neuralgico de la agencia de inteligencia, seguridad y operaciones especiales del Imperio, los Halcones Negros. La unica manera de acceder a la organización era mediante recomendación, por lo que solo los mas eficaces asesinos y espias podian (o mejor dicho, no podian) presumir de trabajar alli. Aunque podria pensarse que el lider de los Halcones habia sido elegido por ser hermano del Emperador, lo cierto era que a Tetragold se le consideraba el mejor guerrero del Imperio. Y es que aun siendo el menor de los tres hermanos, su habilidad de combate superaba ampliamente a la de cualquier otro ser vivo o inteligencia artificial. Unos contaban que era capaz de matarte con una brizna de paja, otros que era capaz de acertarle a un halcon en un ojo, lo que junto a su cargo en la organización le habia hecho ganarse el apodo de Hawkeye. Lo cierto era que Tetragold podia considerarse una leyenda viva.

La pequeña comitiva de Beaufar bajo del transbordador y se dirigio al interior de la Torre. Tras coger uno de los multiples ascensores, el jefe orco marco el ultimo piso. Tras dos minutos de espera, las puertas se abrieron, mostrando un pequeño vestibulo ricamente decorado con tapices de seda y armaduras doradas. Al fondo, dos elfos oscuros vestidos con un llamativo uniforme rojo guardaban la puerta de un ascensor. El mago avanzo unos pasos contemplando los talles de una armadura que debia de haber pertenecido a un importante rey humano cuando escucho un ruido a su espalda. La comitiva habia desapecido, su trabajo ya habia terminado. El mago avanzo hacia los elfos que lo reconocieron y descruzaron sus lanzas, que impedian el paso. Al momento, las puertas del ascensor se abrieron. Tras entrar y buscar sin éxito algun panel de control, las puertas se cerraron y el ascensor comenzo su lento ascenso a la cuspide. Treinta segundos despues, el ascensor se abrio descubriendo un majestuoso recibidor donde un esqueletico pero elegantemente vestido chambelan le pregunto su nombre. Despues, le acompaño a un salon lateral del que provenia un delicioso aroma.

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